




http://www.youtube.com/watch?v=RHWbF5H2aOQ





Mario Benedetti


Lo peor de todo es que siempre se creyeron diferentes, que si con esas miradas, que si con sus caricias, que si con su manera de ver el mundo. Es que ellos se creían algo así como que estaban elevados del suelo, que no caminaban si no que flotaban y como pompas de jabón eran felices hasta que explotaron. Explotaron a base de tanto aire, de tanto tiempo que si subiendo que si bajando y nunca juntos, nunca, porque no podían, se querían demasiado como para no mentirse, gritarse, odiarse, así de diferentes eran ellos. Y llego un día en el que, por decirlo de manera metafórica, se vieron frente a una playa llena de restojos, de lo que un día fue su historia. Que si una noria partida, un reloj de arena, una botella de ron… que si tinta, que si sol, que si mar…. Tantas, tantas cosas que si las juntabas podían volver a formar otra historia, algo si como empezar de cero, pero la playa esta ya acabada, contaminada, dolida y abandonada y ella la aborrece y el no quiere recordarla y así, atados por los recuerdos van deshaciendo caminos.
Dicen de ella que se perdió un día entre las olas y que de repente su mirada se iluminó, algo así como la luz en un día de invierno. La veías allí, sentada en un muro, como siempre, inmersa en una nueva historia que crear e intentando adivinar a qué hora llegará el atardecer a la avenida. El viento remueve su pelo y, como siempre, se da cuenta de que se ha dejado el abrigo en casa. La historia parece ahora tan simple, pero ha sido tan complicado durante tanto tiempo, piensa en todas las veces que dio por hecho el haberse olvidado de todo. Lo simple llega ahora que se da cuenta que se encuentra a gusto con sus recuerdos, que puede volar por encima de ellos haciendo de todo un horizonte paralelo pero cercano, como tiene que ser el pasado. Ella siempre tuvo claro que algo grande se escondía detrás de aquel tropiezo, que la felicidad nunca la había abandonado solo había reducido un poco su proporción y ahora allí estaba, grande e inmensa la felicidad y con un nombre escrito en ella ¿Cuál? Eso ya es otra historia. 


Ya no es cuestión de querer o no querer, de matar el tiempo a patadas espantando de ese modo tal vez moscas, tal vez recuerdos, tal vez nada. Ya no es cuestión de querer o no querer, que se nos escape el tiempo entre los dedos esperando a que de un momento a otro venga alguien y nos dé un empujón que nos enseñe a andar solos. Que muchas veces se escucha que todo es querer o no querer, que incierto, que mentira, nadie depende del querer, ni del amar, ni del tal vez.
Algo así como purpurina escapada de una vieja caja de latón rescatada de algún lugar de la memoria, un millón de disfraces esparcidos por la mesa, retales de carnaval. Pecas que aparecen en las mejillas, sonrisas que se dibujan en las luces de colores que pueblan la ciudad, maquillajes que dibujan o desdibujan caras inventadas, gorros, sombreros, gafas y sueños. La luna reina en el cielo y nosotros en la tierra, porque hay noches normales y después están las noches nuestras. Juntemos esos retales que hoy vamos a reinventarnos en positivo.
Faltan tal vez unas cuantas horas de sol más al día o un poco menos de luces en las ciudades para poder ver con más claridad las estrellas. Faltan seguramente más bicicletas por las avenidas y más canciones destinadas a la simple felicidad de poder volar sin que ninguna teoría te ate los pies al suelo.
Faltan entonces también más mensajes en botellas flotando eternamente, más cometas que no dependan del viento para elevarse en el cielo, más susurros al oído y menos gritos.
Faltan más latidos de corazón por amor y menos por miedo. Faltan más alegrías, sobran problemas matemáticos. Faltan más sonrisas y nos sobran libros que nos enseñan como sonreír. Faltan piratas aventureros y sobras cobardes empresarios grises.
Faltan y sobran tantas cosas que solo queda una solución: vivir soñando.
El mundo sin fronteras quedó siempre allí cuando una persona, no se quién, no se donde ni cuando dijo “yo soy ciudadano del mundo” y entonces comenzó, en ese preciso segundo, una nueva concepción de sueños, aquellos que se pueden alcanzar por encima de los límites de lo ya establecido.
¿Qué queremos volar? Pues volemos, al fin y al cabo la gravedad tan solo es una teoría. Dime una hora, dime un día, dime un camino, yo te propongo el destino: Barcelona y ya después el mundo.